dissabte, 14 de febrer de 2015

MICRORELATS DE GENER / MICRORRELATOS DE ENERO (1)



Publiquem els microrelats que van arribar a les deliberacions finals en la categoria en castellà de la convocatòria de gener.

Recordem que els microrelats concursants publicats al blog s'inclouran en una publicació en paper que recollirà aquells textos guanyadors i finalistes de cada categoria de totes les convocatòries mensuals.







Publicamos los microrrelatos que llegaron a las deliberaciones finales en la categoría en castellano de la convocatoria de enero.

Recordamos que los microrrelatos concursantes publicados en el blog se incluirán en una publicación en papel que recogerá aquellos textos ganadores y finalistas de cada categoría de todas las convocatorias mensuales.











La elección

Todavía joven, todavía hermosa, frente al espejo se prueba alternadamente el broche de perlas y el de brillantes, sobre el sobrio vestido negro. Su imagen debe ser correcta cuando por fin entre en la sala y la acaricien, la indaguen, la protejan todas las miradas. Allí la esperan familiares, amigos, curiosos, su último amante, su abogado, algún policía encubierto, quizás su próximo amor. Y en una improvisada capilla ardiente, el féretro de su esposo, cuya muerte súbita nadie se explica.
El de perlas, sin dudas, es el más adecuado.

Mónica María Brasca
Santa Fe (Argentina)








*Biblioteca de l'Ateneu Barcelonès (Barcelona).




Recaída

Me gusta ser puntual. Hoy, minutos antes de empezar la clase, he tenido tiempo de tomar café en el jardín de la escuela de escritura. Todo bien, hasta que al entrar en la sala contigua para dirigirme al aula, he sentido miedo. El suelo es como un tablero de ajedrez igual al de casa de mi abuela y me he acordado de la leyenda que de niña me contaba: "Ten cuidado de no pisar los cuadros negros que si dejas marcas se vuelven peligrosos". Temerosa he cruzado la estancia, consciente de mi actitud grotesca, tratando de saltar por las losetas blancas. No quisiera volver a deslizarme por el túnel de la inseguridad, ni sentir ansiedad como cada vez que tengo que enfrentarme a situaciones en las que pongo a prueba mi capacidad.
De repente un vértigo me hace caer en el vacío. Todo es oscuridad. Oigo el silencio absoluto.
Tan solo recuerdo que di un traspiés.

Anna Jorba Ricart
Barcelona









Más allá

Cuando menos me lo espero mi madre me habla desde el más allá. Nunca de metafísica, de religión o de universos paralelos. Nada de psicofonías, ni de vaporosas voces de ultratumba. Con su castellano transparente y su acento aragonés me dice cosas como: "Se dejan cocer a fuego lento hasta que estén en su punto", o: "Resultan muy buenos con un flan de arroz blanco al lado, y sirve de plato único pues la salsa de los calamares le da mucho sabor al arroz".
Sus palabras flexibles y disciplinadas, sin una sola falta de ortografía, avanzan por las hojas de anillas que cada tanto me enviaba en un sobre con sus recetas favoritas, para que las fuera añadiendo a la libreta que me regaló.
Muchas veces me sorprendo a mí misma queriendo llamarla para preguntarle algún detalle, sobre todo de los platos de pescado y de algunos postres.
Hoy voy a seguir paso por paso las instrucciones que me dicta para cocinar los calamares guisados, así comprobaremos en familia que ese "¡Están buenísimos!" que escribió al final es la mejor descripción para este divino y contundente plato único.

Paz Monserrat Revillo
Molins de Rei (Barcelona)










El dueño del bosque

Ni me gusta ni me disgusta mi trabajo. Hay que hacerlo, y punto. Es como recoger los frutos de los árboles antes de que se pudran o los picoteen los pájaros.
Me levanto muy temprano, desayuno fuerte, preparo la escopeta y salgo al amanecer. Cuanto más frescas las huellas, mejor puedo seguirlas sin ayuda de perros.
Según se adentra el rastro en la espesura, surge el olor -agrio-, y cuando por fin encuentro al desdichado, el hedor revuelve las tripas. Yo me he curtido; mis perros no lo aguantaban y escaparon.
Lo normal es que ya esté tieso, pero si llego y aún patalea, mantengo cierta distancia, mirando a otro lado. Si no ha empezado, le apunto con el arma (me sorprende que todos se marchen corriendo).
Casi siempre es hombre, aunque también suelo hallar mujeres preñadas y algún niño (me pregunto qué le habrán hecho o qué habrá visto). Una vez, dos jóvenes agarrados de la mano.
Corto la soga y entierro el cuerpo al pie del propio árbol. No rezo porque no soy piadoso. A mí, realmente, solo me importan los árboles. Así crecen sanos y robustos, y su extraordinaria madera -con incrustaciones de huesos y lamentos- es la más apreciada en la región para fabricar ataúdes.

Asun Gárate Iguarán
Bilbao










La parte del león

Cada noche, después de cenar, llevo al señor de paseo en la limusina. Dejamos atrás la parte alta y noble de la ciudad, y bajamos hasta el muelle de pescadores, buscando señoritas que caminen despacio por la acera, con el bolso en una mano y el cigarrillo en la otra. El señor se fija en una que solo vista ropa interior y -tras quedar acuerdo en el precio- la invita a subir con él en el asiento trasero. Entonces me ordena que conduzca por calles solitarias en mal estado, sin esquivar los baches; que gire, frene y acelere a mi antojo, solo por darme ese gusto. Cuando se cansa me da las gracias, despide a la joven y regresamos a casa.

El señor es muy discreto, no suele comentar conmigo sus gustos ni sus caprichos. Pero hoy me ha confesado que -por variar y sin que sirva de precedente- le gustaría experimentar qué se siente al volante. Hoy voy yo de pasajero y él se ha puesto la gorra de conductor. Al llegar a nuestro territorio de caza, me ha dejado que elija yo mismo la presa vulnerable, ligera de ropa. Cuando le he comunicado mi decisión, ha parado el coche junto a ella, y -tras quedar acuerdo en el precio- la ha invitado a subir con él en el asiento delantero.

Pedro Herrero
Castellar del Vallès (Barcelona)





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