dilluns, 16 de març de 2015

MICRORELATS DE FEBRER / MICRORRELATOS DE FEBRERO



Publiquem els microrelats que van arribar a les deliberacions finals en la categories en català i castellà de la convocatòria de febrer.

Recordem que els microrelats concursants publicats al blog s'inclouran en una publicació en paper que recollirà aquells textos guanyadors i finalistes de cada categoria de totes les convocatòries mensuals.







Publicamos los microrrelatos que llegaron a las deliberaciones finales en la categoría en catalán y en castellano de la convocatoria de febrero.

Recordamos que los microrrelatos concursantes publicados en el blog se incluirán en una publicación en papel que recogerá aquellos textos ganadores y finalistas de cada categoría de todas las convocatorias mensuales.



CATALÀ:






Franctiradors

Es van descobrir, apuntant-se a través de les mires dels seus rifles. Se tenien a tir. Tremolaven. Un resà per Al·là, l'americà es va recordar de les corbes de la seva Sally. Sabien que era el seu final, que quan l'altre premés el gallet no podrien respondre-li. Van morir sense disparar.

Nicolás Jarque Alegre
Albuixech (València)








El far

Els veïns de la zona de bon principi l'han mirat amb recel. Ell creu que no l'entenen perque no els ha pogut explicar la seva gran passió.

Sempre li ha fascinat el mar. Especialment quan espetega ferotge contra els penyassegats. Contemplar aquest espectacle des de la torre d'un far era la seva màxima il·lusió, el seu somni d'infantesa.

Per això, quan heretà la petita parcel·la de terra, ho va tenir clar: en comptes d'un xalet hi construïria un far. Encara que els veïns el mirin estrany. Encara que no es trobi sobre un penyassegat. Encara que estigui a 100 km. del mar.

M. Carme Marí
Castelldefels (Barcelona)




CASTELLANO:






Finlandia

Finlandia posee una extensa red de senderos conectados entre sí de casi 5.000 km, decía el folleto. Lo leí en la compañía donde trabaja su hermano el día que firmamos aquel seguro tan caro que ella se empeñó en contratar. Mi cuñado sacaría una buena comisión, no cabe duda. Poco después su amiga Eva, la que trabaja en la Facultad de Farmacia, me confirmó que la estricnina tiene sabor amargo.

A mi madre la ignoraba: dejó de visitarnos. Mis amigos se le atragantaban: los perdí a todos. Ah, y no le gustaba que hablase cuando venían los suyos a casa: bastaba una mirada y yo enmudecía. Y luego estaban sus manías. Por ejemplo, los platos no se podían quedar sucios durante la noche. Mientras ella hablaba por teléfono, repitiéndose hasta el infinito, yo los fregaba. Casi llegó a gustarme. Otra manía era la de que le llevase el desayuno a la cama los domingos: la tostada tibia y con aceite, el zumo recién hecho y el café sin azúcar. Amargo, le gustaba amargo.

Eva encontró trabajo enseguida en una multinacional farmacéutica y ansiosa, espera mi llegada. Dice que lo del idioma no es para tanto. Ya me veo perdido por esos bosques, recorriendo senderos. En cuanto cobre la póliza.

Fran Rubio Consuegra
Tavernes de la Valldigna (Valencia)









Art 47.7

Y un día prohibieron hacer el amor. Argumentaron que, como la reproducción de nuestra especie estaba totalmente garantizada por los avances científicos, ya no sería necesario ensuciar nuestros cuerpos con actos impuros. Al principio desafiamos la ley y hacíamos el amor en privado, hasta que comenzó la represión. Entraban de noche en las casas de todos los que éramos sospechosos de infligir el artículo 47.7, con la intención de sorprendernos in fraganti. Rompieron cristales. Derribaron puertas. Nos fotografiaban desnudos y nos sacaban a rastras de las habitaciones. Se nos acusó de pervertidos, de inmorales, de revolucionarios. Empezaron las delaciones y los interrogatorios, los procesos, las castraciones,las ablaciones. Pronto se prohibieron las caricias, los besos, las miradas. Para entonces muchos ya habíamos decidido huir de las ciudades y cada noche hacíamos el amor en los baños de los aeropuertos abandonados, en los coches de los desguaces, en las barcas encalladas de las playas, en los cobertizos de las granjas derruidas que encontramos camino hasta aquí, donde todos vosotros habéis nacido, donde podréis seguir amándoos en libertad.

Ernesto Ortega Garrido
Madrid








El descanso

La pendiente comienza a empinarse. Cada paso le cuesta un esfuerzo sobrehumano. Aún así, no se deja vencer por el desánimo: la cumbre está cerca. Empuja. Empuja. De repente, cuando está a punto de alcanzarla, nota que no puede más. Trata de sostener la piedra, pero no puede, se le escapa, cae. Se tiene que echar a un lado para que no le aplaste. La observa rodar hasta el fondo. Al principio, aquello le enfadaba, le enfurecía. Sin embargo, ya se ha acostumbrado. Es su condena. Absurda. Eterna. Al menos, mientras baja, Sísifo puede tomarse un descanso.

Plácido Romero Sanjuán
Mancha Real (Jaén)









Los ojos

Todos los "Alvarado" tienen los mismos ojos. Hombres y mujeres. Son grandes, ligeramente rasgados y de un azul grisáceo casi blanco. Cuando algún vecino viaja por la comarca y se encuentra con esos ojos inconfundibles, dice: "mira, ahí va un Alvarado". No hay equivocación posible. Hay que tener cuidado con esas pupilas. Por ejemplo, si te enzarzas en una pelea con el tercer hermano, ese que es muy alto, y de pronto miras sus ojos, puedes equivocarte y evocar el brillo apacible de los de la abuela materna. Eso hará que pierdas la refriega. O si vas a visitar a la tía senil del padre, puedes terminar declarándole amor eterno al intuir en su iris el encanto salvaje de la sobrina. Todavía se recuerda el caso del marido de la hermana mayor. Nunca supo con quien de los numerosos Alvarado había hecho el amor. Acabó ingresado en un sanatorio desquiciado por la culpa. O por la ausencia absoluta de ella.

Mar Horno García
Torredonjimeno (Jaén)







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