dissabte, 13 de febrer de 2016

MICRORELATS DE GENER / MICRORRELATOS DE ENERO (1)



Publiquem els microrelats que van arribar a les deliberacions finals en la categoria en castellà de la convocatòria de gener.

Recordem que els microrelats concursants publicats al blog s'inclouran en una publicació en paper que recollirà aquells textos guanyadors i finalistes de cada categoria de totes les convocatòries mensuals.







Publicamos los microrrelatos que llegaron a las deliberaciones finales en la categoría en castellano de la convocatoria de enero.


Recordamos que los microrrelatos concursantes publicados en el blog se incluirán en una publicación en papel que recogerá aquellos textos ganadores y finalistas de cada categoría de todas las convocatorias mensuales.







Así funciona la mente

El cerebro humano está diseñado para relacionar acontecimientos autónomos mediante conexiones causales. Biológica, ineludiblemente. Por ejemplo, pongamos que el tímido Sr. Pou adora a la Srta. Vera desde niño y que esta tarde se atreve por fin a convidarla a una tetería. Y supongamos que, tras la audacia, el Sr. Pou tropieza perdiendo el equilibro y apoya su mano (involuntariamente) sobre el voluptuoso pecho de la joven. Bien. Imaginémosla ahora a ella, desconcertada y brusca, declinar la invitación alegando una repentina jaqueca. Es evidente que el Sr. Pou vinculará tetería con busto y traspiés con rechazo sin advertir que, de no haberse producido el bochornoso percance, la Srta. Vera podría igualmente haber rehusado la propuesta. Se trata pues de dos eventos independientes, aislados, entre los cuales la mente del Sr. Pou ha establecido una correlación causal sin motivo alguno.

O al menos eso es lo que está pensando el Sr. Pou, ahora, mientras se esfuerza por no adormilarse. Y es que la mente siempre acaba por encontrar un argumento que le permita sobrevivir a la tragedia. Aunque sea absurdo. Aunque sea tarde. Aunque el Sr. Pou ya se haya cortado las venas.


Luz Leira Rivas
Ferrol









*"Piazza San Marco verso la Basilica", Canaletto (1723).



Lapsus romántico

Mi vecino es elegante. Me saluda siempre con una cordial patarata. Se inclina, coge mi mano y me mira a los ojos. Me gusta su gesto anticuado, me recuerda a mi padre que además levantaba con galanteo el sombrero. Subimos al ascensor y al pulsar el timbre salimos disparados por los aires. Con exquisita levedad caemos en la Plaza de San Marcos frente al Palacio Ducal. Lástima que ese día acontece el aqua alta y no podemos ni siquiera tomar un café en el Florián, pero disfrutamos con entusiasmo de una única experiencia.
De regreso, en mi rellano, abre la puerta del ascensor, me besa la mano y me bajo con cuidado de no resbalar.


Anna Jorba Ricart
Barcelona








*"Pinzas", fotografia d'Armando Vega-Gil.



Pinzas

Llego cuando la lavadora ha centrifugado. Finjo ser bueno y subo al terrado porque sé que a esas horas veré tu sonrisa de madre. Tiendo mal, me corriges, se me escurren las pinzas y te agachas. Tu escote. Te empujo con la fuerza de mis diecisiete mientras agarro las muñecas suavemente. Mi mano entre tus piernas. No sé cómo empezar. Se han roto los cristales de todas las ventanas, debe ser eso lo que me retumba aquí dentro. Algo me zarandea. Vuelvo. Sigues aquí delante, intacta, ofreciéndome la pinza que tiré dos segundos antes, con tu sonrisa blanca, como si no supieras nada de todo lo que acabo de hacerte.


Ángela Torrijo Arce
Valencia










Aniversario

El general saludaba al ejército y al pueblo. Tras el desfile, volvió a su
despacho, firmó documentos y recibió a personalidades y diversas
delegaciones. Terminada su agenda oficial, almorzó con su mujer y
dedicó un rato a jugar con sus hijos y ayudarles con las tareas
escolares. Por la tarde paseó por los jardines del palacio, hizo algo
de deporte y dedicó un rato a la lectura. Antes de acostarse, en la
capilla, ante la imagen del Crucificado, pidió fuerzas para seguir la
lucha y perdón por el mal que, muy a su pesar, hubiera podido causar.
Abrumado por su responsabilidad, no pudo evitar que dos lágrimas
resbalaran al reclinatorio.
Terminada la proyección de la película, que
clausuraba la jornada conmemorativa del décimo aniversario del
alzamiento, los presos se mantuvieron en formación, aunque se pudieron
oír algunos pitidos y abucheos, que los guardias de la prisión no
pudieron acallar.


Ezequiel Barranco Moreno
Sevilla









Reverendas madres

Pensaron que sería cosa de las aguas, que últimamente venían revueltas, o de la nueva marca de pesticida que habían empezado a utilizar en el huerto, pero el caso es que a todas las hermanas de la consolación les había crecido la barba, menguado los pechos y alargado lo innombrable.
Los consumidores de sus dulces también habían notado que la voz que les atendía detrás del torno era mucho más ronca que antaño y hasta temían preguntar por el precio de las pastas.
El obispo, alertado por las novedades que le llegaban del convento, decidió enviar de incógnito a su secretario. El pobre hombre no contaba con la violencia desatada por  chorros de testosterona reprimida bajo los hábitos.


–Pásame al secretario –gritan las monjitas cuando juegan al fútbol en el claustro con la calavera.


Paloma Casado Marco
Santander

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